En Cosmos Engineering estamos encantado de compartir esta interesante entrevista publicada en la Revista Metros2 a nuestro Country Manager Rubén Sancho, donde nos presenta el cambio de paradigma en la construcción debido al control de la evolución del fraguado del hormigón.

CoSMoS controla en tiempo real la evolución del fraguado del hormigón

“Durante décadas hemos construido sin escuchar a los materiales. El cambio de enfoque que proponemos es un antes y después en la forma de entender la construcción. Donde antes había desinformación, ahora somos capaces de extraer datos: donde había incertidumbre, ahora hay control. No se trata solo de mejorar procesos, sino de transformar la forma en qué se construye.”

¿Cómo definiría Cosmos y su propuesta de valor?

Cosmos nace de una idea muy simple pero muy potente: convertir el hormigón en una fuente de datos. Tradicionalmente, una vez vertido, el hormigón se convierte en un material opaco y hermético. Sabemos como debería comportarse, pero no lo medimos realmente. 

Gracias a nuestros sensores de madurez monitorizamos en tiempo real la evolución del fraguado del hormigón y, a partir de ahí, inferimos la resistencia real del material expresada en megapascales (MPa). 

A día de hoy, muchas decisiones en obra se toman con márgenes de seguridad muy amplios por el desconocimiento sobre el material, porque no hay visibilidad real sobre lo que está ocurriendo dentro del hormigón. Eso genera ineficiencias, tiempos muertos y sobrecostes. Nuestra propuesta es eliminar esa incertidumbre convirtiendo el fraguado en un proceso accesible y trazable. Esto impacta directamente en los plazos de ejecución, costes, seguridad y huella de carbono del proyecto. 

La digitalización en la construcción avanza más lenta que en otros sectores, ¿a qué cree que se debe?

En mi opinión a que la construcción es un sector con normativa y procesos muy consolidados donde el riesgo operativo es alto. Eso hace que cualquier cambio se analice mucho más. Pero también hay una realidad: durante muchos años no ha habido soluciones que aportaran un retorno claro. Ahora sí las hay. Y cuando puedes demostrar que optimizas procesos constructivos, como en nuestro caso al controlar la evolución del fraguado del hormigón y, por consiguiente, la obra es más eficiente, reduce tiempos y mejora márgenes, la conversación cambia.

Estamos entrando en una fase donde la digitalización deja de ser una apuesta y pase a ser una exigencia. Las empresas que no adopten estas herramientas van a tener dificultades para competir, sobre todo en proyectos grandes o con alta exigencia técnica. 

¿Qué implica realmente la digitalización del hormigón?

La digitalización del hormigón implica convertir el hormigón en un elemento que genera información útil durante todo su proceso de fraguado. Hasta ahora, el hormigón era un material sobre el que hacíamos hipótesis. Con la digitalización, pasa a ser algo que medimos directamente en obra, con las propias condiciones de obra y en tiempo real. Eso cambia completamente la forma de trabajar. 

Además, abre la puerta a integraciones con otros sistemas: BIM, plataformas de gestión de obras, gemelos digitales… Es decir, no es una solución aislada, es una pieza dentro de un ecosistema más amplio de digitalización de la construcción. 

Es aquí donde se ve el cambio, los datos son el eje central, pero con un matiz importante: tienen que ser datos útiles. El secreto no está en acumular mediciones, sino en transformar esos datos en conocimiento. Nuestro trabajo se centra en que cada dato tenga una utilidad clara y mejore la toma de decisiones en obra. A partir de ahí, el recorrido es enorme, desde analítica avanzada hasta modelos predictivos. 

Pero el primer paso ya lo hemos dado, resolver el problema básico: saber que está pasando realmente en el material, en el interior del hormigón. 

¿Dónde está el mayor impacto de Cosmos en una obra?

En la toma de decisiones operativas del día a día. Por ejemplo, saber exactamente cuándo un elemento ha alcanzado la resistencia necesaria para desencofrar o para continuar con la siguiente fase. Ese tipo de decisiones, que antes se tomaban con estimaciones conservadoras, ahora se pueden ajustar con precisión y total garantía. Y eso tiene un impacto directo en la planificación de obra. 

Nosotros lo resumimos en cuatro grandes beneficios: ahorro de tiempo, ahorro de costes, mayor control y reducción de CO2.

El primero y más importante es el ahorro de tiempo. Al conocer en tiempo real la evolución de la resistencia del hormigón, podemos ajustar con precisión momentos como el desencofrado o el avance de fases. Esto permite acortar plazos de ejecución sin comprometer la seguridad. Un claro ejemplo es la ejecución por parte de la constructora Avintia de las Torres Martiricos, donde implementando esta solución logro pasar de ciclos estructurales de 12 días por planta a ciclos de 9 días. 

A partir de ahí derivan los otros beneficios.

El ahorro de costes, concretamente en costes indirectos, viene de esa optimización de plazos. Cuando reduces días de obra, reduces todo lo que no es coste directo del material (medios auxiliares, personal, maquinaria, consumos …). No es solo construir mejor es construir más eficiente.

El mayor control es otro factor clave. Pasas de trabajar con estimaciones a trabajar con datos reales. Esto mejora la planificación, reduce la incertidumbre y permite justificar decisiones ante cualquier persona implicada en el proyecto, desde dirección facultativa hasta cliente final.

Y, por último, la reducción de CO2, que cada vez es más relevante. Al acortar plazos, reduces consumo energético, desplazamientos, uso de maquinaria… Es decir la sostenibilidad no viene como un añadido, sino como consecuencia directa de hacer las cosas mejor y más rápido, más eficiente.

¿Qué papel juegan los datos en este modelo?

Son el eje central, pero con un matiz importante: tienen que ser datos útiles. No se trata de medir por medir, sino de generar información que permita tomar decisiones. Nosotros nos centramos en eso: en ofrecer datos que tengan un impacto directo en la operación.

¿En qué punto se encuentra actualmente Cosmos?

Hemos comprobado que Cosmos es una solución altamente versátil, capaz de adaptarse a todo tipo de obras y necesidades dentro del sector. Aporta la misma eficacia tanto en proyectos de edificación residencial, ya sean promociones convencionales o rascacielos, como en grandes infraestructuras de obra civil, incluyendo estructuras complejas y túneles, que requieren más atención en cuanto a las telecomunicaciones. 

Tecnológicamente estamos en un punto de crecimiento porque estamos en fase de pruebas de una aplicación que va a evolucionar el concepto de control de calidad del hormigón dado que lo hemos automatizado y, además, potenciado con la información de nuestros sensores. 

Y por otra parte, estamos en plena expansión en el mercado. Ya hemos demostrado que la solución funciona y que aporta valor, y ahora estamos centrados en escalar. 

¿Cómo ve la evolución del sector en los próximos años?

Vamos a ver una clara aceleración en la adopción de tecnología. No tanto por innovación, sino por necesidad. Habrá una mayor presión en costes, en plazos y en sostenibilidad, y eso obligará a las empresas a ser mucho más eficientes. Y una forma de hacerlo es con tecnología. 

Además, las expectativas del mercado de la construcción son buenas. Hay volumen de actividad, inversión y proyectos, lo que hace que sea un momento especialmente propicio para introducir nuevas soluciones. Cuando el sector crece, es cuando realmente se pueden integrar cambios de modelo. En este contexto, estamos en un momento perfecto para el desarrollo e integración de nuevas tecnologías, especialmente en el ámbito de las Contech. Es un segmento que va a tener un largo recorrido, porque responde a necesidades estructurales del sector, no a una moda puntual.

Veremos una construcción mucho más industrializada, más controlada y con menos incertidumbre, donde cada proceso esté medido, ajustado y conectado en tiempo real. Esto nos llevará a un escenario en el que la obra deje de gestionarse por aproximaciones y pase a funcionar bajo criterios de eficiencia operativa, con decisiones basadas en datos que optimicen continuamente plazos, recursos y costes.